Este dolor a veces me deja ser mujer...


No hay palabras para describir,
a este humano dolor.
Que me deja sobrevivir,
por no ser más grande que mi amor.

Pero a esta mujer que soy yo, si se puede describir.
Gioconda Belli, parece que lo logró.

Desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar aquellas que pude haber sido; las mujeres primorosas, hacendosas, buenas esposas, dechado de virtudes, que deseara mi madre. No sé por qué la vida entera he pasado rebelándome contra ellas. Odio sus amenazas en mi cuerpo. La culpa que sus vidas impecables, por extraño maleficio, me inspiran. Reniego de sus buenos oficios; de los llantos a escondidas del esposo, del pudor de su desnudez bajo la planchada y almidonada ropa interior. Estas mujeres, sin embargo, me miran desde el interior de los espejos, levantan su dedo acusador y, a veces, cedo a sus miradas de reproche y quiero ganarme la aceptación universal, ser la "niña buena", la "mujer decente" la Gioconda irreprochable. Sacarme diez en conducta con el partido, el estado, las amistades, mi familia, mis hijos y todos los demás seres que abundantes pueblan este mundo nuestro. En esta contradicción inevitable entre lo que debió haber sido y lo que es, he librado numerosas batallas mortales, batallas a mordiscos de ellas contra mí -ellas habitando en mí queriendo ser yo misma- transgrediendo maternos mandamientos, desgarro adolorida y a trompicones a las mujeres internas que, desde la infancia, me retuercen los ojos porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños, porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable, que se enamora como alma en pena de causas justas, hombres hermosos, y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada,
e hice el amor sobre escritorios -en horas de oficina- y rompí lazos inviolables y me atreví a gozar el cuerpo sano y sinuoso con que los genes de todos mis ancestros me dotaron. No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones. No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf. Pero en los pozos oscuros en que me hundo, cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos, siento las lágrimas pujando; veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo, blandiendo condenas contra mi felicidad. Impertérritas niñas buenas me circundan y danzan sus canciones infantiles contra mí contra esta mujer hecha y derecha, plena. Esta mujer de pechos en pecho y caderas anchas que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Gracias Gioconda, lograste mi mejor descripción.

Mujer de roca...

Hay mujeres que no parecen ser de carne sino de roca…

Fuertes, sólidas, indeformables ante el dolor, ante los tropiezos y golpes de esta vida.
Aunque carguen sobre pecho y espalda el peso de otros,de muchos, de todos…

Hay mujeres como mi madre que tanto admiro.


No sé cuanto tendré de sólida, pero si sé, que pido se me fortalezca este corazón que no parece ser de roca...

Hazte duro...

Palabras, imágenes y melodías ... de un corazón que también transforma el dolor en Arte.
Algunos miserables sensuran tus Palabras Marco, pero acá eres bienvenido.

Autoretrato...


Este es mi autoretrato...
Una mujer que vive,
cree,siente,llora,ríe,ama,trabaja,sueña...


Aunque encontré el verdadero amor en una causa...

Una parte de mi hoy es feliz...
gracias a la grandeza que la vida misma me ha dado,
esos amores que me llenan el alma y el corazón.

Pero la otra parte encarna el dolor ajeno,
que es propio de niños inocentes, de mujeres y hombres...
todos esos que viven la miseria física y espiritual de la pobreza extrema, de la discriminación, del abuso, del maltrato, la sobervia y la esclavitud.