¿Qué es el amor?

No retrocederé a despojarme de esta interpretación,
el amor es, no se le impone un rostro,
no volveré a lastimarme intentando construir otra definición.

El amor no se define
el amor sólo es,
no se hace, se asume.

El amor es tempestad que no mata.
el amor nace de nada y muere de todo.
el amor es un lazo que une pero no ata.

El amor es una daga que no se siente,
el amor es impredecible raptor,
el amor es temeroso jugando a valiente.

No seguiré dilucidando más sobre ¿Qué es el amor?
El noble poeta Cortázar lo definió:

“Como si se pudiese elegir en el amor,
como si no fuera un rayo que te parte los huesos
y te deja estaqueado en la mitad del patio…
Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos
cuando salís de un concierto.”




Esperando...

Crece en el páramo una flor,
la hierba en el desierto,
mi corazón aquí, sigue esperando...

Sé de sobras que no es culpa tuya,
tras un escurridizo y ridículo temor,
estás ahí, cobarde, sigo esperando...

De mis cálidos y sinceros labios,  
no escucharás una palabra más,                
no obstante, aquí, sigo esperando...

He perdido pedazos de piel esperando
a que por fin digas una sola frase:  
"Amor, no busques más...no me iré más"



He regresado y esta vez para quedarme.

No haré una promesa,  
que quizá no puedo cumplir.
Sólo diré que pretendo quedarme, 
aquí, compartiendo mis penas y glorias.
Estuve, en un largo viaje de luchas diarias,
no me arrepiento de nada, entregué todo y más.
Recorrí caminos y recogí los frutos de la cosecha.
Pero,  justo ahí en esas esferas del "poder", que para mí fueron del hacer
precisamente ahí, encontré la imagen del injusto rostro del que tanto he huido, 
ese desdichado y vulgar  retrato de la mezquindad y de las malas pasiones humanas.
Prefiero quedarme, no quiero compartir con esas  necias humanidades por un tiempo,
deseo palabras, imágenes, luchas, amores, melodías y dulces pasiones humanizadas.
Debo retomar fuerzas, cansada de batallas, esas que se libran en contra del egoísmo, 
la vanidad, la demagogia, la hipocresía y la reiterada indiferencia por el dolor humano.
Otros, se quedaron ahí, les admiro y les deseo fuerza, coraje, sobretodo sabiduría.

Esta mujer que soy, yo nunca logré describirla.

Esta mujer que soy, nunca logré describirla.
Gioconda Belli, sin duda si lo logró.
Y cuando, por alguna razón lo olvido, lo vuelvo a repetir, para que nada ni nadie me cambie. 

Desde la mujer que soy, a veces me da por contemplar aquellas que pude haber sido; las mujeres primorosas, hacendosas, buenas esposas, dechado de virtudes, que deseara mi madre. No sé por qué la vida entera he pasado rebelándome contra ellas. Odio sus amenazas en mi cuerpo. La culpa que sus vidas impecables, por extraño maleficio, me inspiran. Reniego de sus buenos oficios; de los llantos a escondidas del esposo, del pudor de su desnudez bajo la planchada y almidonada ropa interior. Estas mujeres, sin embargo, me miran desde el interior de los espejos, levantan su dedo acusador y, a veces, cedo a sus miradas de reproche y quiero ganarme la aceptación universal, ser la "niña buena", la "mujer decente" la Gioconda irreprochable. Sacarme diez en conducta con el partido, el estado, las amistades, mi familia, mis hijos y todos los demás seres que abundantes pueblan este mundo nuestro. En esta contradicción inevitable entre lo que debió haber sido y lo que es, he librado numerosas batallas mortales, batallas a mordiscos de ellas contra mí -ellas habitando en mí queriendo ser yo misma- transgrediendo maternos mandamientos, desgarro adolorida y a trompicones a las mujeres internas que, desde la infancia, me retuercen los ojos porque no quepo en el molde perfecto de sus sueños, porque me atrevo a ser esta loca, falible, tierna y vulnerable, que se enamora como alma en pena de causas justas, hombres hermosos, y palabras juguetonas.
Porque, de adulta, me atreví a vivir la niñez vedada, e hice el amor sobre escritorios -en horas de oficina- y rompí lazos inviolables y me atreví a gozar el cuerpo sano y sinuoso con que los genes de todos mis ancestros me dotaron. No culpo a nadie. Más bien les agradezco los dones. No me arrepiento de nada, como dijo la Edith Piaf. Pero en los pozos oscuros en que me hundo, cuando, en las mañanas, no más abrir los ojos, siento las lágrimas pujando; veo a esas otras mujeres esperando en el vestíbulo, blandiendo condenas contra mi felicidad. Impertérritas niñas buenas me circundan y danzan sus canciones infantiles contra mí contra esta mujer hecha y derecha, plena. Esta mujer de pechos en pecho y caderas anchas que, por mi madre y contra ella,
me gusta ser.

Gracias Gioconda, vos si lograste describirme, sólo te faltó una referencia sobre el absoluto y anegado amor, por el buen Dios.

Amor, ¿qué somos?

Amor, ¿qué somos?
Tercos
Amantes
Una loca lista de imposibles
Una historia deseada y de deseo
pero, ante todo
somos eso: nada y todo.

Él... exigió comprenderme.

Ayer caminaba en la ruta de batallas internas.
Ayer la mujer y la niña discutían sobre su futuro.
Ayer estuve abrumada por ese cruel devenir de un abrazo.

Un desconocido derrepente cortó mi ruta y me cambió la dirección.
Un desconocido con melodías ineditas me despertó la vida. 
Un desconocido recordó mis letras, mi arte, mi carne y mi Dios.

Me recordó al hombre que lucha, al triunfador académico y testarudo.
Me recordó al excéntrico lobo, al Borges y al loco Quijote soñador.
Me recordó la ciudad del arquitecto, el arte de crear, de inventarse y de amarse.

Seguirá siendo enigma, a pesar de lo recibido, no está en mí decifrarlo.
Seguirá siendo palabra, luz, deseo, sonrisa, lágrima y ocupación.
Seguirá siendo cautela, refugio,  pregunta y respuesta.

Hay gente que nos enciende luces, nos quita el piso y nos despierta.
Hay  gente que con su sola existencia nos recuerda caminos y propósitos.
Hay gente como él, que nunca podré comprender pero que exigió comprenderme...