Él... exigió comprenderme.

Ayer caminaba en la ruta de batallas internas.
Ayer la mujer y la niña discutían sobre su futuro.
Ayer estuve abrumada por ese cruel devenir de un abrazo.

Un desconocido derrepente cortó mi ruta y me cambió la dirección.
Un desconocido con melodías ineditas me despertó la vida. 
Un desconocido recordó mis letras, mi arte, mi carne y mi Dios.

Me recordó al hombre que lucha, al triunfador académico y testarudo.
Me recordó al excéntrico lobo, al Borges y al loco Quijote soñador.
Me recordó la ciudad del arquitecto, el arte de crear, de inventarse y de amarse.

Seguirá siendo enigma, a pesar de lo recibido, no está en mí decifrarlo.
Seguirá siendo palabra, luz, deseo, sonrisa, lágrima y ocupación.
Seguirá siendo cautela, refugio,  pregunta y respuesta.

Hay gente que nos enciende luces, nos quita el piso y nos despierta.
Hay  gente que con su sola existencia nos recuerda caminos y propósitos.
Hay gente como él, que nunca podré comprender pero que exigió comprenderme...